Los seres humanos están predispuestos a las conexiones sociales. Desde los primeros años de vida, las relaciones moldean el cerebro, las emociones y las posibilidades de llevar una vida saludable. Por el contrario, la desconexión puede tener efectos devastadores: aumenta el riesgo de cardiopatías, de accidentes cerebrovasculares, de depresión, de ansiedad, de demencia y de muerte prematura. También puede dar lugar a un bajo rendimiento escolar y laboral, y suponer un alto costo para las economías y las sociedades, según la OMS.


Victoria O'Donnell es socióloga y autora del libro Mosaicos, editado por El Gato y la Caja, en el que aborda la epidemia de soledad del siglo XXI. "Las nuevas formas de soledad tienen que ver con una discordancia percibida por mucha gente que la padece como una falla individual o una emoción meramente particular en lugar de entenderla como una cuestión socialmente influenciada y con una arquitectura cultural determinada", dice al medio el Auditor Info.


"Por más que se padezca en lo privado y se sienta como sentimiento personal, las causas son estructurales y tienen que ver con la forma en que vivimos como sociedad hoy en día", explica O'Donnell, y suma: "La soledad no deseada es una sensación muy subjetiva. Para entender el fenómeno se hacen cuestionarios abiertos: ¿Cuántos minutos pasás con otra persona? ¿Con cuántas personas? ¿Cuánto tiempo usás en actividades comunitarias? Y también se pregunta sobre la calidad y la cantidad de los vínculos para satisfacer las expectativas de sociabilidad".


Existen soledades buscadas, que uno elige, con momentos introspectivos y de conexión con uno mismo. A eso se le llama soledad deseada, pero se practica poco porque se relaciona con el tiempo 'libre' que tengamos. Hay un concepto que se llama 'tiempo confetti' y se refiere a la falta de tiempo en tanto bloques largos, sin interrupciones. No permite realizar actividades que tengan progresión, como puede ser una creación artística, procesar un libro o toda la cantidad de signos e información a los que estamos expuestos todos los días”, explica.


"Las causas de la soledad no deseada son estructurales y tienen que ver con la forma en que vivimos como sociedad hoy en día", plantea la socióloga Victoria O'Donnell


"Luego existe la soledad no deseada, que es una sensación física y psíquica; algunos la describen como un vacío. Es una carencia en lo que uno espera, tanto de contención como de apoyo, o bien como amortiguador frente a una situación o un miedo, lo que puede llevar al aislamiento físico o a la percepción de soledad aunque se esté rodeado de personas: es la diferencia entre sentirse solo y estar solo", agrega.


Observar para intervenir


En la la capital de Córdoba existe el Observatorio de la Soledad No Deseada (OSND), que hace alrededor de un mes celebró su primer congreso. O’Donnell, que fue una de las disertantes, resalta que “se pudo formar un espacio interdisciplinario para pensar la problemática desde distintos aspectos, tanto desde la psicología como desde la tecnología y la sociología”.


En Argentina, este fenómeno cobró mayor visibilidad en los últimos años debido a la combinación de factores demográficos, económicos y socioculturales que tuvieron impacto en cómo las personas establecen y mantienen sus vínculos. "La urbanización acelerada, el envejecimiento poblacional y los cambios en las dinámicas familiares han contribuido a que la desconexión social se convierta en un desafío urgente para el bienestar de la comunidad", plantean desde el OSND.


Juan Mansilla es el director del Observatorio de la Soledad No Deseada. En diálogo con El Auditor.Info, cuenta que surgió a partir de una señal concreta: "La Municipalidad comenzó a recibir muchos llamados a la línea de salud mental y de adicciones que no formulaban un pedido específico en esos temas. No solicitaban necesariamente un tratamiento, una internación o una derivación. En numerosos casos, mencionaban que necesitaban hablar con alguien".


"Lo importante no es solamente cuánta gente tiene alguien alrededor, sino si cree que cuenta con alguien, si tiene vínculos significativos y si encuentra espacios donde pertenecer", destaca Juan Mansilla, director del Observatorio de la Soledad No Deseada


"Eso nos permitió advertir -continúa- que, detrás de algunas consultas de salud mental, existía una profunda necesidad de contacto humano: un 30% sobre una muestra de 1.500 llamados. Sumado a los estudios demográficos actuales de Córdoba y puesto en relación con el contexto, observamos que la provincia está en plena transición demográfica, avanzando hacia un mapa de población en el que cada vez habrá mayor cantidad de adultos de 60 años o más y menos niños y adolescentes. En virtud de eso, consideramos necesario planificar modelos de intervención anticipatoria", agrega Mansilla.


“Desde la gestión pública, no se piensa la soledad solo como un problema individual, porque, en realidad, una persona puede vivir sola y no sentirse sola, y otra puede vivir acompañada y percibirse desconectada. Entonces, lo importante no es solamente cuánta gente tiene alrededor, sino si cree que cuenta con alguien, si tiene vínculos significativos y si encuentra espacios donde pertenecer”, añade.


Desde el Observatorio hicieron un estudio exploratorio con personas de entre 60 y 85 años, entrevistadas en centros de salud, organizaciones sociales, residencias y distintos espacios comunitarios. Es el primer estudio municipal realizado en Argentina sobre el tema. "Nos permitió ver que la soledad no aparece por una única causa: generalmente se van acumulando situaciones como la jubilación, la pérdida de la pareja, problemas de salud, dificultades para movilizarse, caída en los ingresos, alejamiento de los hijos, pérdida de amistades y el debilitamiento de las instituciones públicas, que deben generar contención y participación", explica Mansilla.


¿En qué consiste la intervención del OSND? "En escuchar a la persona, conocer sus intereses y detectar qué barreras le impiden participar. Tal vez le gustaba cantar, cocinar, tejer, cuidar plantas o colaborar con otras personas. Si sabemos eso, se puede generar un puente con un centro de día, un taller cultural, un club, una biblioteca, una huerta o un espacio de voluntariado. A quienes hacen este trabajo les decimos linkeadores sociales: son personas capacitadas para detectar situaciones de aislamiento y, a partir de ahí, orientar y acompañar los primero