Uno de los indicadores más preocupantes es el uso de la capacidad instalada, que descendió al 40,2%, el nivel más bajo para un mes de septiembre desde 2016. El dato implica que casi seis de cada diez máquinas permanecen sin utilizar en las plantas metalúrgicas, como consecuencia de la debilidad de la demanda y la postergación de inversiones. La situación refleja las dificultades de las empresas para sostener sus niveles de producción en un contexto de actividad deprimida.
El retroceso se extendió a la mayoría de las ramas del sector. La fundición encabezó las caídas, con una baja interanual del 8,8%, seguida por carrocerías y remolques, que retrocedieron 7,6%. También disminuyeron la producción de bienes de capital (-4,4%), equipamiento médico (-3,3%), maquinaria agrícola (-2,5%) y equipos y aparatos eléctricos (-2,3%). En el plano territorial, todas las principales provincias metalúrgicas registraron variaciones negativas, con caídas del 5,5% en Entre Ríos, 4,6% en Córdoba y 3,7% en Buenos Aires.
El deterioro de la actividad también impacta sobre el empleo y las perspectivas empresariales. En septiembre, la ocupación en el sector cayó 1,9% interanual, mientras que el 45,2% de las empresas consultadas no espera aumentar su producción durante el próximo trimestre. El presidente de ADIMRA, Elio Del Re, advirtió que la debilidad de la demanda y la postergación de inversiones continúan condicionando la recuperación. Además, reclamó que los proyectos previstos para sectores como la energía y la minería generen oportunidades para los proveedores industriales nacionales, con el objetivo de aprovechar las capacidades productivas y tecnológicas existentes en el país.