Los inmuebles serán rematados mediante el sistema electrónico SUBAST.AR, con un valor base conjunto que supera los 11,2 millones de dólares. En Junín, el predio de 21.347 metros cuadrados—delimitado por las calles San José Obrero, Intendente Borchex, Capitán Vargas y Chacabuco—saldrá a la venta con un precio de partida de 7.061.772 dólares. Allí, 149 viviendas quedaron paralizadas cuando la obra alcanzaba el 50% de ejecución; en aquel entonces, 1.850 familias se habían inscripto para el sorteo, ilusionadas con acceder a su casa propia.
En Mercedes, el terreno de 17.714 metros cuadrados, ubicado sobre el Acceso Manuel San Martín 3300, tiene un valor base de 4.235.602 dólares y alberga otras 141 unidades habitacionales inconclusas que nunca vieron la luz.
El remate de una política pública
Esta operatoria no es un hecho aislado. Desde el año pasado, el Estado nacional impulsa la venta de parcelas urbanas en diversos distritos, todas ellas tasadas en moneda extranjera y adjudicadas mediante subastas digitales. El proceso forma parte de la revisión y disolución de los fondos fiduciarios públicos, una decisión que, en la práctica, implica el desguace de los desarrollos habitacionales que el Procrear dejó a medio construir.
Las subastas, administradas por SUBAST.AR, ya cuentan con los pliegos de bases y condiciones aprobados, mientras que la Subsecretaría de Obras y Servicios quedó facultada para emitir las circulares aclaratorias o modificatorias que pudieran surgir durante el proceso.
El fin de un sueño colectivo
Lo que alguna vez fue concebido como una herramienta clave para el acceso a la vivienda social en la Argentina, hoy se resuelve en un remate electrónico. Los predios de Junín y Mercedes no son más que el reflejo de una política que quedó trunca: las viviendas que prometían albergar a cientos de familias trabajadoras hoy son esqueletos de hormigón, y el suelo que las sostiene pasa a ser objeto de una transacción comercial en dólares.
Sueños truncados
Para las 1.850 familias de Junín y las tantas de Mercedes que alguna vez depositaron su esperanza en un sorteo, la subasta no representa solo la pérdida de una oportunidad material, sino el cierre definitivo de un capítulo que el Estado, en su giro ideológico, decidió archivar para siempre.
