Uno de los factores que explica este escenario es el funcionamiento del Consejo Nacional del Salario Mínimo. La encuesta sostuvo que, ante la falta de acuerdos, todos los incrementos fueron definidos por la Secretaría de Trabajo con subas que terminaron ubicándose cerca de las propuestas empresariales.
Además, la encuesta cuestionó que las convocatorias al Consejo Nacional del Salario Mínimo fueron cada vez más espaciadas y que las reuniones se realizaron únicamente de manera virtual, lo que, según el centro de estudios, debilitó el principal ámbito de negociación entre el Estado, los trabajadores y los empleadores.

Frente a este escenario, el salario mínimo en 2026 es un 60% inferior, en términos reales, al registrado en 2015 y se ubica incluso un 20% por debajo del promedio observado durante la década de 1990.
“Para recuperar el mismo poder de compra que tenía hace una década, el salario mínimo debería rondar actualmente los $955.000, pero el valor vigente para julio de 2026 asciende a $372.400, mientras que en agosto llegará a $376.600, de acuerdo con el cronograma oficial de incrementos”, alertaron desde el centro de estudios.
El deterioro también puede medirse en términos de consumo cotidiano. Hace diez años, una hora de trabajo con salario mínimo alcanzaba para comprar un kilo de pan. Hoy se necesitan dos horas y media. En el caso de la carne picada, el tiempo de trabajo pasó de casi dos horas a prácticamente seis para adquirir la misma cantidad.
Con el transporte público sucede algo similar, mientras que en 2016 un viaje de ida y vuelta en subte representaba apenas 15 minutos de trabajo, en la actualidad un trabajador que cobra el salario mínimo debe destinar una hora y 41 minutos para afrontar ese mismo gasto.
Así, para CIFRA, la evolución de los últimos años muestra que el salario mínimo dejó de cumplir su papel como piso de protección para los trabajadores. El deterioro acumulado impacta no sólo sobre quienes perciben directamente el mismo, sino también sobre múltiples prestaciones e ingresos vinculados a ese indicador, profundizando la pérdida del poder adquisitivo de los sectores de menores recursos.

