Cuando se excluyen los alimentos, la inflación subyacente se ubicó en 2,6% mensual, apenas por encima del promedio de los últimos tres meses. En paralelo, la medición de inflación núcleo del Banco Central, que no cuenta carne y alquileres, registró 2,4% mensual, también superior al promedio reciente pero todavía por debajo del índice general.
El informe también señala el impacto de los precios regulados. Este componente registró un aumento de más de 4% mensual, impulsado por ajustes en tarifas de electricidad, gas y agua en todo el país. Estas subas aportaron cerca de 0,9 puntos porcentuales al dato de inflación del mes. Parte de ese impacto fue compensado por la caída de precios estacionales, que mostraron una baja cercana al 1,3% mensual.
Señales de moderación
A pesar de estos movimientos, los economistas de J.P. Morgan destacan que algunas métricas de inflación subyacente muestran señales de moderación cuando se ajustan por estacionalidad.
En términos anualizados y promediados en tres meses, la inflación subyacente sin alimentos se ubica cerca de 25,3%, mientras que la medida núcleo del Banco Central ronda 21,1%, lo que sugiere una desaceleración gradual del ritmo inflacionario.
Sin embargo, el banco advierte que el proceso de desinflación podría ser más lento de lo esperado. La persistencia de presiones en algunos rubros clave, como alimentos y tarifas reguladas, dificulta que la inflación mensual rompa de forma consistente el umbral del 2%.
En ese contexto, el informe mantiene una proyección de inflación de 26,5% para diciembre de 2026, lo que implicaría una desaceleración respecto de los niveles actuales, aunque todavía lejos de los registros de un dígito que buscan alcanzar las autoridades económicas.
Para los analistas del banco, el desafío central será lograr que la inflación mensual baje de forma sostenida por debajo del 2%, algo que requerirá estabilidad macroeconómica, coordinación en los ajustes de precios regulados y una moderación en los componentes más volátiles de la canasta de consumo.