Se trata de un fenómeno que alcanza edades cada vez más tempranas y, actualmente, los adolescentes son el grupo de mayor incidencia, por eso, en el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, desde la Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires plantean un interrogante: ¿cómo están viviendo nuestros jóvenes y qué mundo les estamos proponiendo habitar?


“Tenemos delante un problema colectivo, de salud mental, salud física y también de políticas públicas. Su abordaje es multifactorial y requiere corresponsabilidad”, explicó la Magister Soledad Dawson, psicóloga y directora de la Maestría en Vínculos, Familias y Diversidad Sociocultural de la citada Universidad.



 


 



Asimismo, añadió: “Lejos de la culpa, que paraliza y busca un responsable único allí donde no lo hay, la responsabilidad compartida permite pensar qué podemos transformar, en tanto, familias, escuelas, instituciones, sistemas de salud, comunidad y Estado”.


Las redes sociales y los adolescentes


Los adolescentes viven hoy rodeados de estímulos y exigencias. Las redes sociales los exponen de manera permanente a modelos de belleza, vínculos, experiencias y estilos de vida que pueden resultar difíciles de alcanzar, a lo que se suma la presión por destacarse en una etapa en la que todavía están construyendo su identidad.


Al mismo tiempo, existen menos espacios de encuentro con pares, mientras que situaciones de discriminación, exclusión o violencia pueden convertir incluso a la escuela en un ámbito de sufrimiento. Frente a este escenario, el rol de los adultos es central.


“Muchas veces, frente al sufrimiento de un adolescente, buscamos resolver el problema por él, cuando también es necesario acompañarlo para que pueda aprender a transitar las dificultades”, afirmó Dawson y añadió: “También es importante establecer límites claros y conversados, que ayuden a comprender que existen reglas, responsabilidades y consecuencias, y que una frustración puede ser parte de la vida sin convertirse en una situación sin salida”.


Desde la Universidad Hospital Italiano, remarcaron la importancia de hablar de estos temas, como una forma de prevención y señalaron: “Se necesitan adultos disponibles, familias que puedan pedir ayuda, escuelas capaces de intervenir e instituciones que puedan acompañar. Fortalecer los vínculos y generar espacios de encuentro permite construir redes de apoyo para que los adolescentes no tengan que atravesar solos los momentos de mayor sufrimiento”.