La recaudación tributaria cayó en términos reales durante siete meses consecutivos hasta febrero de 2026. De los últimos diez meses, ocho arrojaron saldo negativo en términos reales. El informe semanal de la consultora Vectorial destaca que el persistente deterioro fiscal consolida una tendencia que debilita gradualmente la capacidad de mantener los superávits primarios sin recurrir a mayores ajustes en el gasto. Los números en perspectiva histórica son aún más elocuentes. Febrero de 2026 se ubica por debajo del promedio de los últimos años, con apenas $16,2 billones en valores constantes.
Ese nivel es notablemente inferior al pico de febrero de 2022, cuando se registraron $19,7 billones, y se mantiene por debajo de la media histórica de los últimos diez febreros. Sólo febrero de 2024 —el peor momento de la gestión Milei en sus inicios— registró un valor ligeramente inferior. Es decir: los ingresos del Gobierno volvieron a ser similares a los del momento más crítico de su propio mandato.
Una vez más queda al desnudo el fundamentalismo ideológico de la ortodoxia: la promesa es que la baja de impuestos se compensará con mayor crecimiento de la economía y, por lo tanto, habrá una mayor recaudación. Como se sabe, esto no sucede. Los datos lo confirman mes a mes, y el superávit primario no escapa a esa lógica. Se sostiene, pero sobre bases cada vez más endebles.
El superávit primario es el principal estandarte de la política económica de Milei. Es el ancla narrativa del programa. Pero un superávit sostenido sobre la base de un ajuste brutal del gasto, con ingresos tributarios que caen en términos reales mes tras mes, es un equilibrio frágil. No es lo mismo un superávit fiscal construido sobre una economía que crece y genera más recaudación, que uno sostenido mediante la licuación de jubilaciones, la paralización de la obra pública y el recorte de transferencias a provincias. El deterioro de la recaudación no sólo responde a cuestiones coyunturales, sino que refleja fundamentalmente la debilidad estructural de la actividad económica y el comercio exterior.
Con este panorama de la recaudación, el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas concluye que, si el gobierno mantiene su estrategia de preservar el equilibrio fiscal a cualquier costo, este escenario de debilitamiento de los ingresos obligará a profundizar los recortes sobre un gasto público que ya se ubica en niveles históricamente bajos, tanto a nivel nacional como provincial.