En cifras según el INDEC entre enero y noviembre de 2025 el caso de Brasil y Chile, los argentinos que viajan triplican a los turistas que vienen. Con Uruguay, directamente los duplican. Llama la atención, además, que Brasil —mucho más grande— envíe menos turistas que Argentina recibe, y que Chile y Uruguay, pese a ser más chicos, tengan poblaciones con mayor poder adquisitivo, lo que debería generar flujos más parejos.
Este escenario no afecta solo al turismo. La falta de competitividad atraviesa a toda la economía. Infraestructura cara y deficiente, regulaciones absurdas e impuestos distorsivos hacen que exportar sea una odisea en cualquier sector. Esa misma falta de competitividad es la que genera la escasez crónica de dólares y termina alimentando la idea de que viajar al exterior es algo “malo”.
Pero el problema no son los argentinos que se van de vacaciones afuera. El verdadero problema es un país que no logra producir bienes y servicios competitivos para el mundo.