Aunque esta modificación puede generar controversias entre algunos colegas del ámbito de la salud, es esencial abordar estas cuestiones en nuestra lucha contra la discriminación y estigmatización. En ese sentido, es fundamental reconocer que las intervenciones convencionales a menudo asumen que la adiposidad es la causa directa de morbilidad y mortalidad. Sin embargo, la relación entre peso y salud es más compleja. El índice de masa corporal (IMC), utilizado comúnmente para diagnosticar la obesidad, ha demostrado limitaciones que nos instan a desvincular la salud del tamaño corporal.
La visión pesocentrista, que sitúa el peso corporal como el indicador principal de salud y considera la gordura y la obesidad como términos intercambiables, ha sido objeto de críticas por su reduccionismo. Desde la nutrición, entendemos que la salud abarca el bienestar físico, mental y social, y es vital superar la noción restrictiva de que la pérdida de peso es el único camino hacia la salud, promoviendo así una comprensión más integral del bienestar o el estar “sanos”.
Resulta indispensable que, como profesionales de la salud, consideremos detenidamente la discriminación y violencia que experimentan las personas gordas, sobre todo las mujeres. Las burlas, el bullying y la patologización de sus cuerpos impactan profundamente en su bienestar psicológico, y sentirse señaladas o juzgadas por los profesionales que deberían acompañar sus procesos, no contribuye positivamente a su salud integral.
La salud pesocentrista, centrada en el peso ideal y el IMC, tiende a estigmatizar a las personas gordas, complicando su acceso a la atención. Las tablas de peso ideal y el IMC desestiman la diversidad corporal y perpetúan estándares irreales.
Por ello, desde el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires aspiramos y convocamos a abandonar la patologización de los cuerpos y dirigir nuestros esfuerzos hacia políticas alimentarias y educación nutricional inclusivas. La salud no debería depender del tamaño de nuestros cuerpos; es un derecho fundamental para todas las personas. En una sociedad que prioriza la delgadez, es esencial reconocer que la salud integral es posible desde la diversidad corporal, y que la estigmatización no contribuye al bienestar en su sentido más amplio.