Una derivación negativa impensada (una más) por el presidente de EEUU., Donald Trump, al lanzar su ofensiva conjunta con Israel en contra de Irán.
Según la entidad alemana, la posibilidad de que Teherán habilite el tránsito por el estrecho de Ormuz a cambio de pagos en yuanes introduce una señal concreta de cambio en las reglas del comercio energético. China, principal comprador de crudo iraní y socio estratégico de largo plazo, aparece como el actor mejor posicionado para capitalizar esta transición incipiente hacia un esquema de "petroyuan".
El estrecho de Ormuz concentra cerca de un quinto del flujo global de petróleo y gas. Cualquier alteración en ese corredor impacta de forma directa en precios, cadenas de suministro y, ahora también, en la arquitectura monetaria que sostiene esas transacciones. En este contexto, la exigencia de monedas alternativas al dólar deja de ser una hipótesis y empieza a tomar forma operativa.
El trasfondo excede la coyuntura bélica. Desde hace años, China impulsa mecanismos para internacionalizar el yuan, mientras que economías emergentes buscan reducir su exposición a la política monetaria y sancionatoria de Estados Unidos. La guerra en Ucrania marcó un punto de inflexión: el uso del dólar como herramienta de presión geopolítica aceleró estrategias de diversificación monetaria.
La dinámica se extiende más allá de Irán. Refinerías de India comenzaron a liquidar importaciones de crudo ruso en monedas alternativas, como yuanes o dirhams, mediante esquemas financieros que evitan el sistema tradicional en dólares. Este tipo de mecanismos consolida un patrón: los grandes importadores y exportadores de energía exploran canales paralelos para reducir riesgos políticos.
El sistema del petrodólar, vigente desde 1974 tras el acuerdo entre Estados Unidos y Arabia Saudita, enfrenta así tensiones estructurales. Riad hoy exporta mucho más petróleo a China que a Estados Unidos y, junto a otros países del Golfo, experimenta con plataformas de pagos que prescinden del dólar, como el proyecto mBridge.
Sin embargo, el reemplazo no resulta inmediato. Analistas coinciden en que la inercia del sistema financiero internacional y la profundidad del mercado en dólares siguen siendo ventajas decisivas.
Incluso en escenarios de crisis, el billete verde mantiene su rol de refugio. La discusión, por lo tanto, no gira en torno a un colapso abrupto, sino a una transición gradual hacia un esquema más fragmentado, que debilitará la hegemonía estadounidense.