No es sorpresivo y es cada vez peor para quienes seguimos la evolución de las variables de ingresos durante el período. Los datos de RIPTE del Ministerio de Capital Humano confirman que los salarios privados registrados acumulan una caída real del 4,8% frente a noviembre de 2023, el total de salarios registrados cede un 9,2% y los salarios del sector público registran un desplome del 17% en el mismo período. La ecuación es sencilla y brutal: las deudas crecieron en volumen y costo financiero mientras los ingresos que debían sostenerlas se contrajeron en términos reales.
Al desagregar por línea de crédito, los préstamos personales concentran el mayor nivel de incumplimiento, con una irregularidad del 14,2% que más que triplicó el 4,1% de un año atrás. Son los créditos que las familias usan para cubrir gastos corrientes, emergencias y necesidades básicas; y son, por tanto, los más sensibles a la erosión del ingreso real. Las tarjetas de crédito, con un 11,7% de mora frente al 2,8% de marzo de 2025, confirman que el deterioro no es selectivo: abarca todos los instrumentos de consumo cotidiano.
El sector empresarial, con una mora del 3,1%, también triplicó su nivel interanual desde el 0,9%, aunque la magnitud absoluta sigue siendo contenida y no genera, por el momento, alarmas de riesgo sistémico. La brecha entre la mora de las familias y la de las empresas —11,5% versus 3,1%— es el dato más revelador del período: el ajuste macroeconómico golpeó de manera asimétrica, con los hogares absorbiendo una proporción desproporcionada del costo.