A nivel nacional, el panorama es aún más preocupante. En febrero de 2026 había en el país 525.473 empresas empleadoras, cuando en noviembre de 2023 existían 549.519. En poco más de dos años desaparecieron 24.046 firmas en todo el territorio nacional, lo que representa una caída acumulada del 4,4%. Lejos de tratarse de un fenómeno aislado o coyuntural, el informe advirtió que ya son veintitrés los meses seguidos con retrocesos interanuales en este indicador. De las 24 jurisdicciones relevadas, sólo Neuquén logró mostrar crecimiento, impulsado por la expansión de Vaca Muerta.
El mercado laboral salteño ya mostraba señales de fragilidad estructural incluso antes de la actual recesión. Según los datos definitivos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022, la provincia contaba con una Población Económicamente Activa (PEA) de 671.930 personas, con una tasa de desocupación del 7,9%. Sin embargo, detrás de esos indicadores aparecía una fuerte precarización: el 48,1% de la PEA no tenía ningún tipo de cobertura de salud, mientras que entre los trabajadores por cuenta propia el 83,1% no realizaba aportes jubilatorios. Además, el 62,6% de quienes trabajaban en servicio doméstico carecía de obra social o prepaga.
La estructura ocupacional provincial ayuda a explicar por qué la destrucción de empresas empleadoras tiene un impacto tan sensible. El comercio mayorista y minorista concentraba el 17,4% del empleo total en Salta, seguido por la construcción con el 9,6%, dos sectores particularmente expuestos a las caídas del consumo y la retracción de la actividad económica. Las desigualdades de género también atraviesan el mercado laboral: el 15,7% de las mujeres ocupadas trabajaba en servicio doméstico y la desocupación afectaba al 10,3% de las mujeres activas contra el 5,9% de los varones.
Si se compara febrero de 2026 con el mismo mes de 2025, Salta perdió 192 empresas empleadoras, una retracción interanual del 2,2%. Dentro del norte argentino, la provincia aparece en una posición intermedia: lejos de los desplomes más profundos, La Rioja (-17,4%), Catamarca (-12,8%), Chaco (-11,3%) y Misiones (-10,9%), pero incapaz de escapar al ciclo de destrucción de firmas formales. En una provincia donde casi la mitad de quienes trabajan no tienen obra social, la desaparición de más de 300 empresas no es sólo una estadística: detrás de cada firma que sale del sistema formal hay empleos que desaparecen, trabajadores que pasan a la informalidad y pequeñas estructuras productivas familiares que dejan de ser sostenibles.
