Preservar el tejido empresarial es condición para sostener el empleo privado, la recaudación y la estabilidad social. Para ello, la Argentina necesita un nuevo contrato productivo. Es decir, un compromiso del sector privado -empresarios y trabajadores- en toda la cadena de valor, más el estado en sus tres niveles, para reducir el costo argentino con menor presión impositiva, una modernización laboral, financiamiento accesible para la producción, infraestructura eficiente y capacitación técnica y productiva.


La industria produce bienes transables que compiten en precio y calidad con países que cuentan mayor competitividad en los aspectos antes enumerados. Por lo tanto, es urgente concretar reformas como las que han llevado adelante esos países en materia tributaria, laboral, financiera, logística y educativa.


La industria argentina quiere competir e integrarse al mundo. No pedimos protección ni aislamiento. Queremos competir globalmente en igualdad de condiciones, con reglas claras y estables. El territorio nacional está surcado por industriales grandes, medianos y pequeños que conocen sus productos, sus procesos, sus capacidades y sus desafíos. Estos empresarios son, además de empleadores directos e indirectos, líderes de empresas que crean y sostienen comunidades enteras en cada provincia.


El entramado industrial es una red social de enorme importancia estratégica. Tenemos que cuidar esa red con las empresas que ya están, y hacerla crecer con más empresas.


El modelo industrial debe tener a su alrededor un ecosistema productivo robusto que fortalezca el empleo y el consumo local. Requiere, por encima de todo, de una visión de largo plazo y de políticas de Estado que trasciendan los ciclos políticos, y brinden la previsibilidad necesaria para que la inversión, la innovación con educación y el trabajo conjunto sean los verdaderos motores del desarrollo nacional.


Solo con más empresas, más empleo privado, más exportaciones y más inversión se pueden generar los recursos genuinos para sostener un país. La macroeconomía ordena el marco, pero es la microeconomía -las empresas, los emprendedores, los industriales- la que genera desarrollo real. El sector privado es la salida.


Por eso, en este proceso de orden y estabilización, el desafío es acompañar al entramado productivo para que pueda adaptarse, competir y crecer en este nuevo escenario. El futuro posible es con más y mejores empresas.