A muchos diplomáticos de carrera, especialistas en relaciones internacionales, analistas de la mecánica política global, les llamó la atención la baja intensidad de la reacción del líder ruso Vladimir Putin, frente a la captura de un líder y la toma de control de un país, que eran la puerta de entrada de Rusia al subcontinente. Nicolás Maduro apresado en una operación sigilosa y encubierta, bombardeos, inicio de toma de control político y el anuncio de Donald Trump de que va a gobernar Venezuela al menos por un tiempo. Nada de esto provocó una reacción airada de Putin, mucho menos una amenaza de represalias. Apenas una queja formal para el libro de actas.
A partir de ello empezaron a tejerse hipótesis diversas. Hay quienes recordaron que entre ambos líderes existe un vínculo fluido, cierta rivalidad claro, no puede esperarse menos de quienes guían dos potencias nucleares y que, además, tienen una personalidad avasallante y egocéntrica. Pero se percibe una relación de mutua conveniencia.
Los mismos analistas recuerdaron cuando Trump citó al resistente presidente ucraniano, Volodimir Zelensky a la Casa Blanca y lo apercibió contundentemente frente a las cámaras de televisión, por no aceptar todas las condiciones de un plan de paz bastante poco conveniente para Ucrania. La iniciativa mantenía en poder de los rusos las zonas de Crimea, Donetsk, Lugansk y Donbás, las últimas tres tomadas por Putin en el contexto de la guerra en curso.
Rebelde, Zelensky se negó, fue retado en público y rápidamente la ayuda norteamericana en términos de equipamiento bélico se redujo a su menor expresión desde el inicio de las hostilidades.
Esa conversación, se parece bastante a la que el republicano dice haber mantenido con Maduro por teléfono hace solamente unos días: “Entregate, rendite, no tenés salida”, dice haberle solicitado el empresario de frondoso flequillo. El dictador venezolano se negó, y todo concluyó con una rápida operación militar.
Todos creen que, especialmente después de lo ocurrido en Venezuela, Zelensky tiene el “boleto picado” y que más temprano que tarde deberá abandonar el poder, que quedará en manos de un referente más afecto a los acuerdos, que los territorios ya tomados por Putin quedarán en sus manos y que se mantendrá una Ucrania reducida a mucho menos territorio, que funcione como tapón con los estados de la OTAN. Si el ex actor que gobierna Ucrania será secuestrado en una operación relámpago no puede afirmarlo nadie, pero ya se difunde la versión de que también es un dictador: los ucranianos debieron ir a elecciones hace ya casi dos años y su presidente suspendió las mismas a causa de la guerra, en algún punto la excusa democrática empieza a madurar.
Corina y Volodimir
El anuncio del presidente Trump, luego que la operación en Venezuela, que descarta la posibilidad de que María Corina Machado se hago cargo del país y afirma desprejuiciadamente que será el mismo quien gobierne, es otro dato a considerar en esta construcción teórica. El norteamericano también tiene sus excusas. Machado nunca fue electa presidente, necesitó poner al frente de la fórmula a Edmundo González Urrutia para ganar una elección luego infectada por el fraude. Pero los venezolanos no eligieron a Machado para gobernar, Trump lo sabe y tiene la excusa para tomar el control político del país.
La narrativa de Machado posterior a la elección que le fue “robada” a Gonzalez Urrutia, fue muy parecida a la de los primeros meses de Zelensky post invasión rusa. El ucraniano aparecía en túneles, vestido de fajina, pretendiendo comandar desde una supuesta clandestinidad a sus tropas, aparecía furtivamente en reuniones de la OTAN para pedir ayuda y volvía a desaparecer. El juego de la Machado clandestina fue muy similar, tuvo su colorario hace solamente unos días, cuando se le entregó el premio Nobel de la Paz, con una presunta salida subrepticia de Venezuela que nunca se describió con precisión, una llegada un día tarde para generar mayor suspenso y atención y teñir de mística la situación.
Tanto Trump como Putin desprecian ese estilo, simplemente porque es una búsqueda de atención que podría correr el foco que, consideran, debe recaer exclusivamente sobre ellos mismos. Ignorar la psicología de los grandes líderes, creer que solo se comportan como los gobernantes de sus poderosos países, suele ser un error de lectura en política internacional. Las personas usan su poder de acuerdo a quienes son, las características que los formaron, y Trump y Putin son muy similares en ese sentido.
Para terminar, la especulación de los especialistas es que detrás de la acción militar en Venezuela hay un acuerdo entre el norteamericano y el ruso: el país caribeño para mí, buena parte de Ucrania para vos. El tiempo dirá.
AUTOR Horacio Minotti: Gerente de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica


