“El consumo depende básicamente de dos grandes factores: los ingresos reales disponibles y el crédito”, resume Daniel Schteingart, sociólogo de Fundar, en diálogo con Ámbito. En esa línea, advierte que la variable clave no es el salario nominal, sino lo que queda luego de afrontar gastos fijos que no pueden postergarse.
Los datos de Scentia permiten mostrar que en diciembre el consumo volvió a caer por segundo mes consecutivo, ya desde un umbral muy bajo. Para Osvaldo del Río, director de la consultora, “la variable más determinante en materia de consumo es la capacidad de compra y la evolución de los ingresos para destinar a mayor consumo”. El problema, señala, es que el consumo masivo hoy compite con gastos que habían quedado relegados, como las tarifas, que cada vez representan una porción mayor del presupuesto familiar.
Según Guido Zack, economista de Fundar, el consumo comenzó a caer porque “los salarios, en particular, perdieron contra la inflación”. Mientras el IPC pasó de registros mensuales cercanos al 1,5% a ubicarse en torno al 2,8% en diciembre, los ingresos crecieron por debajo, erosionando el poder adquisitivo.
La aceleración inflacionaria del segundo semestre fue determinante. El IPC acumuló cuatro meses consecutivos por encima del 2%, lo que volvió a tensionar las decisiones de gasto. Para Zack, el esquema cambiario y la estrategia de acumulación de reservas también influyeron: un tipo de cambio más alto tiende a trasladarse a precios y presiona sobre una inflación que muestra dificultades para perforar el piso del 2%.
Rubros clave como combustibles y alimentos básicos registraron retrocesos interanuales, mientras que la contracara fue el consumo de bienes durables, que siguió creciendo, aunque a un ritmo cada vez menor: las escrituras de inmuebles de la Ciudad de Buenos Aires mostraron en noviembre una caída del 9,2% interanual, marcando el primer retroceso del año.