Entre las principales razones que desencadenan este fenómeno podemos destacar:
Además del síndrome de burnout —caracterizado por agotamiento físico y mental, falta de energía y cinismo hacia el trabajo—, los trastornos más comunes que afectan a los equipos incluyen ansiedad, depresión, trastornos del sueño y cuadros de irritabilidad. Pero también se detectan altos niveles de estrés y adicción al trabajo, con personas que no logran equilibrar su vida laboral y personal.
Julián Blausztein, HRBP Manager de Cultura y Desarrollo de Adecco Argentina, destaca:
“Uno de los síntomas del burnout es la dificultad para frenar, almorzar o hacer pausas necesarias. Esto no solo afecta la salud, sino también la capacidad creativa en ciertos roles”.
Para Blausztein, el gran cambio cultural está en dejar de medir el rendimiento con criterios rígidos —como la presencialidad— y comenzar a construir confianza:
“Cuando los valores de una organización se viven de forma genuina, el bienestar se potencia. Por eso trabajamos hace años en propuestas de wellness, con foco en la flexibilidad sin resignar productividad”.
Desde Adecco Argentina señalan tres claves que marcan la diferencia:
Hablar de salud mental es necesario, pero no suficiente. El gran desafío es transformar las estructuras para que el cuidado emocional no dependa solo del individuo, sino que esté garantizado por la organización.
En este Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, el llamado es claro: la salud mental es tan prioritaria como cualquier otro indicador de negocio. Y su abordaje ya no puede esperar.