Durante el primer mes del año, apenas tres de las diez variables que integran el índice mostraron mejoras claras. ¿Cuáles? El M1 en términos reales (es decir, el dinero en circulación entre efectivo y cuentas a la vista), las ventas de autos en concesionarios y el despacho de cemento. El resto no acompañó. 


Y como si fuera poco, el clima entre los encuestados es más que pesimista: estiman en un 99% la probabilidad de que la economía salga de la fase expansiva en los próximos meses. Traducido: casi nadie cree que el repunte vaya a sostenerse.


Mientras tanto, los organismos internacionales mantienen cierto optimismo. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco Mundial proyectan que la Argentina crecerá 4% este año. En el sector privado son un poco más cautos y hablan de un 3,5%, en un contexto de producción estancada y desaceleración de la inflación.


Este retroceso del Índice Líder se dio, además, apenas un mes antes del cierre de la planta de Fate, que dejó 920 trabajadores en la calle. A eso se suma la incertidumbre en el frigorífico Granja Tres Arroyos, donde peligran otros 450 puestos por la importación de pollo desde Brasil y las complicaciones para exportar.


El panorama, por ahora, no invita al entusiasmo. Más bien todo lo contrario.